"No me resigno a que cuando yo muera el mundo siga como si yo no hubiera vivido" - Pedro Arrupe
#YoCreoEnElCambio
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“El hombre crea la
tecnología y sus herramientas, pero esta al mismo tiempo influencia y determina
el estilo de vida del hombre.”
De acuerdo a Nicholas Carr, autor de ¿qué está haciendo internet con nuestras mentes?, hoy en día
existen cuatro grupos en los cuales se dividen las herramientas tecnológicas:
(a) las que amplían las capacidades y destrezas, (b) las que amplían el alcance
de los sentidos, (c) las que modifican la naturaleza con el fin de satisfacer
necesidades, y (d) las que asisten las capacidades mentales. Se dice que en un
comienzo la función y finalidad de este tipo de herramientas era mejorar y
complementar las aptitudes innatas del hombre, a medida que organizaba y le
daba una secuencia a sus vidas, pero … ¿qué están haciendo en realidad estas
herramientas con nosotros? ¿de qué manera nos dejamos influenciar por lo que
nosotros mismos creamos? ¿hasta qué punto ha llegado nuestra dependencia y se
ha anulado nuestra individualidad? A estas preguntas existen múltiples
respuestas como: lo que en realidad están haciendo es destruirnos a
medida que nos dominan, nosotros no creamos la tecnología sino que la
tecnología nos crea a nosotros, y nuestra individualidad y características como
seres únicos ya no se percibe pues dependemos del “que dirán” y lo peor es que
ni siquiera esperamos que no lo digan en la cara sino que estamos pendientes y
conectados a través de una pantalla que brilla y notifica de manera constante.
Pero lo más doloroso es que aunque sabemos que todos los impactos de las
herramientas tecnológicas son negativos, estamos acostumbrados a voltear la mirada
y seguir como si nada estuviera pasando; así como día a día, minuto a minuto,
segundo a segundo, volteamos la mirada al celular para revisar las redes en vez
de fijarnos en la triste realidad que nos rodea y más aún, NOS NECESITA. Un
país caracterizado por la violencia, la desigualdad, la pobreza, la injusticia,
la corrupción y muchos otros factores, en el cual la mayor preocupación de los
ricos es haber perdido el celular.
¿En qué mundo vivimos? En un mundo virtual y cegado, un mundo
completamente boca arriba y paradójico en el cual los que menos tienen son los
que más disfrutan, más sonríen, más aprovechan, más agradecen; mientras que los
que lo tienen todo se guían por el “quiero más”, el “nada es suficiente”, y el
pensamiento futurista de comprar un aparato y ya empezar a pensar en adquirir
el que viene después. En conclusión: no disfrutamos, no aprovechamos, no
agradecemos, hoy en día no vivimos. Así como lo dijo y lo predijo Albert
Einstein una vez: “vivimos en un mundo en el que la verdad es opacada por una
realidad que no existe.”
Las soluciones a esto no están escritas ni plasmadas, y es algo
que ni los medios, ni las tecnologías y mucho menos las redes nunca nos podrán
dar. Depende de nosotros abrir los ojos al mundo y a la realidad, sentarse
frente a un libro en lugar de una pantalla, conocer quién somos y de donde
venimos, entender las situaciones que nos rodean y controlar nuestra actitudes
frente a ellas, sensibilizarnos ante los problemas y aportar en busca de
soluciones. Eres tu ... soy yo … somos cada uno de nosotros quienes tenemos que
ser y hacer el cambio que queremos ser en el mundo (Mahatma Ghandi), y para
lograrlo tenemos que ser nosotros mismos, dejar a un lado lo virtual y empezar
a creer para crear. Por eso los invito a recapacitar sobre su rutina de vida,
sobre su concepción de realidad y sobre el mundo en el que vivimos, pues hoy en
día nada es lo que parece y estamos muy lejos de descubrir lo que
verdaderamente somos. Yo ya recapacité y estoy segura que en un mundo como este el peor miedo
no puede ser perder el celular y el problema más grave no recibir más de 11 “likes”.
El mundo real de hoy va mucho, mucho más allá de eso, y es nuestra labor descubrirlo.
Empezando por ti puedes cambiar el nosotros.


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