jueves, 28 de agosto de 2014

Semana 5: ¿Hasta qué punto nos dejamos hipnotizar?


Si hoy yo me siento a escribir y les digo que leer es un acto antinatural, seguramente ninguno de los que lea este blog (al menos lo que pertenecen a mi misma generación) cuestionara esta afirmación. ¿Por qué? Muy sencillo… Lo natural para las nuevas generaciones (y tristemente me incluyo) hoy en día es todo aquello relacionado a la tecnología. En cuanto a la lectura se podría mencionar a los artículos o libros electrónicos, artículos de bases de datos, páginas web, y hasta chismes en redes sociales como twitter o Facebook. ¿Pero qué tipo de lectura es esta? Esto ya es un poco más difícil de analizar… Nos vemos inmersos en un mundo tecnológico dentro del cual creemos que todo es mejor y más fácil, dentro del cual se privilegian todos nuestros sentidos y creemos estar en la capacidad de captar todo al mismo tiempo (tomar información de un lado y del otro), pero no nos damos cuenta que estamos al mismo tiempo perjudicando nuestra memoria, nuestra capacidad de recordar, y por lo tanto nos alejamos cada vez más de la construcción de una memoria tanto individual como colectiva. La tecnología nos hipnotiza cuando no sabemos como y cuando utilizarla.



Pero en fin, esa no es la verdadera razón por la cual en un principio yo mencionaba que leer se considera, o al menos se consideraba, un acto antinatural. Esta claro que todo evoluciona, se transforma y se adapta: el ser humano, el mundo, las herramientas… la lectura y la escritura también lo hacen. Se puede afirmar entonces que cada forma de lectura y escritura implica una diferente percepción del mundo. Hace muchos años, junto con la implementación de la lectura en voz baja, surgió la creencia de que leer era un acto antinatural  pues se pensaba que el ser humano se concentraba en un solo punto y se olvidaba de todos los peligros que se encontraban a su alrededor, los cuales en ese entonces eran bastantes. Aun así, esta nueva técnica de lectura nos estaba proporcionando para el futuro capacidad de concentración, análisis y reflexión … el libro adiestra nuestra percepción. A raíz de la evolución y la adaptaciones a los nuevos entornos y nuevas realidades, se puede decir que la forma agresiva y dispersa de escritura, y principalmente de lectura caracterizada en cierta medida por el síndrome de las ventanas abiertas el cual dice que estamos en todas partes y en ninguna al mismo tiempo, nos llevan a percibir el mundo agresivo, disperso, fragmentado, no lineal, y hasta destructivo, en la medida en que la lectura determina nuestra forma de pensar y de actuar. En realidad podemos percibir día a día la certeza de esta afirmación: vivimos en este planeta como si tuviéramos otro a donde ir. Lo maltratamos cada vez que lo contaminamos, cada vez que cortamos un árbol, cada vez que botamos basura fuera de las canecas… y lo pero de todo es que no nos importa.

Tal vez cortamos un árbol, no reciclamos y contaminamos acabando con los nutrientes que mantienen viva la naturaleza porque no le damos la importancia suficiente un libro y a sus fuentes primarias, porque no hemos tenido un acercamiento directo a el, porque simplemente no hace parte de nuestra cotidianidad. Hay niños y jóvenes que hasta el día de hoy no saben que se siente estar dentro de ese maravilloso lugar que almacena información, conocimiento y memoria histórica y colectiva al cual llamamos biblioteca ni saben a que huelen las hojas de un libro nuevo… es simplemente indescriptible, son experiencias que tenemos que vivir así sea una única vez. Las generación de hoy viven dentro de una realidad virtual completamente fragmentada e individual, en la cual el contacto con el otro se da a través de una pantalla, un “like”, un comment, un share, un tweet, etc.


Medimos nuestra capacidad de ser sociales a partir del número de amigos que tenemos en Facebook (sin importar que hasta Aristóteles menciono desde un comienzo que somos seres sociales por naturaleza, lo importante es tener en cuanta hasta que punto podemos ser verdaderamente sociales y mantener verdaderas relaciones de cercanía con la gente), pero ni siquiera somos conscientes de que más de la mitad son apenas conocidos que hemos visto una o máximo dos veces en la vida, personas con las que tal vez nunca hemos entablado una conversación … es una vida social que yo considero superficial, y me puse la tarea de comprobarlo. Me metí a mi Facebook, busque a mis amigos y revise a con cuantos he hablado en realidad, a quienes de verdad conozco, a cuantos podría yo verdaderamente considerar “mis amigos”. Tengo 1,021 amigos dentro de los cuales podría decir que en realidad conozco aproximadamente a 100, seguramente solo la mitad de ellos me harían un favor, y una tercera parte de esos restantes se acuerda de mi cumpleaños sin necesidad de recibir una notificación en Facebook. Es triste. Nuestra vida social se basa en mentiras, en relaciones superficiales, y un constante estado de chisme que solo sirve para hablar mal del otro, criticar y juzgar. No hay un segundo que no estemos inmersos en la vida del otro y nos concentremos en realidad en estar junto a esos 15 amigos de Facebook que en verdad son AMIGOS. 

En esta reciente era tecnológica nacen nuevas enfermedades como el síndrome del celular fantasma, la infoxicación, el síndrome de las ventanas abiertas, y hasta se podría considerar que enfermedades como la anorexia y la bulimia provienen de esta era al crear prototipos de "perfección" basados en ilusiones que lo único que haces es perjudicar nuestra salud, nuestro cuerpo y hasta nuestra autoestima ... a su vez nace también la necesidad de crear nuevos lenguajes como selffie, belfie, twittear, hashtag ... es un mundo en el que todavía viven nuestros abuelos, e incluso nuestros papas, pero es como si el mundo en el que ellos vivieron se hubiera desaparecido a lo largo del tiempo porque a la velocidad a la que se mueve hoy la información y se transforma la tecnología nos hace pensar como si fuera un mundo nuevo cada día, un mundo al que las nuevas generaciones llegan ya aprendidas, como dicen los papas y los abuelos: "tienen el chip". 

¿Y a qué va todo esto? 

La tecnología nos facilita las cosas pero nos deshumaniza cada día si no sabemos como utilizarla. Mientras un libro te captura, te invita a participar de él y hacer parte del proceso de conocimiento, te brinda cada detalle, y te proporciona capacidades de concentración, análisis, reflexión y memoria, las tecnologías te alienan y hace que cada vez estemos más cerca del olvido pues la memoria social, histórica y colectiva esta desapareciendo sin que ni siquiera nos demos cuenta. Llegamos a un punto en el que ya ni siquiera sabemos quienes somos y nuestra identidad se forma y se transforma a partir de las redes sociales y la farándula que no nos deja ni un segundo en paz, un punto en el que creemos conocer  a las 1,021 personas que tenemos en facebook cuando en realidad no reconocemos más de la mitad de los nombres que aparecen en la pantalla, y aun así hablamos con ellos como si los conociéramos de toda la vida, como si supiéramos todo de ellos ... 

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